20 jun. 2009

LA ABDUCCION

Era un día como cualquier otro. Conducía el coche de empresa y me dirigía de regreso a la oficina tras coger algunas muestras de Z. Escuchaba música y me sentía relajado por estar lejos de mi inamovible escritorio. Fue en ese momento de felicidad dosificada cuando un flash me deslumbro. Rápidamente mire a mi alrededor y comprobé que me alejaba de una cámara y de un gran cartel que ponía 30 (mph). Yo iba a 35…

Recibí una notificación escrita a mi domicilio semanas después. Una carta a mi nombre e identificando mi falta, hora, lugar y coche. ¿Cómo diablos supieron quien era yo si iba en un coche que no estaba a mi nombre y no se pusieron en contacto con la empresa? Identificación a través de la maldita foto sin duda. Tienen mi foto en sus archivos pues para consumar mi adaptación me saque en carnet de conducir ingles. La carta proponía dos opciones:
1.- Multa de 60 libras e inaugurar mi casillero de puntos sumando 3 (aquí te suman los puntos no te los quitan).
2.- Pagar 60 libras por un curso de concienciación de 4 horas y dejar mi cuenta de puntos a cero.

Opte por la segunda por curiosidad y avaricia, por interés y ociosidad. El proceso fue rápido y en poco tiempo me llego una carta donde me instaban a elegir entre varias fechas en menos de 10 días. Y lo hice.

El curso fue sorprendentemente ameno y participativo. Me esperaba un ambiente enfermizo y decadente donde el silencio fuera solo roto por un desgastado y aburrido agente de tráfico escupiéndonos diapositivas en un powerpoint añejo. Pero no. Éramos 20 y todos participaban. Las horas pasaron rápido. Hubo videos, tareas de grupo, diapositivas, estadísticas, pruebas, fotos y demos de accidentes. Lo más curioso es que nos dieron a cada uno un mando a distancia que también usamos alternativamente. El profesor hacia una pregunta y daba opciones. Tú presionabas en tu mando la respuesta correcta (1, 2, 3 o 4) y después aparecía en la pantalla una grafica con los porcentajes de cada respuesta (¡como un jodido concurso!). A continuación nos daban la respuesta correcta. Me entere también que había diferentes tipos de cursos dependiendo de a la velocidad que te habían pillado. Yo estaba con los lentorros…

A las 12.00 Salí de curso contento y sorprendido. ¡Me habían abducido, adoctrinado, convencido! Todas las enseñanzas y advertencias de lo mala que es la velocidad lo que provoca y todo eso calaron en mí como un viento cálido y húmedo. Me habían demostrado con hechos, números e imágenes evidencias innegables y las había aceptado como un niño. Ahora respeto todos los 30 mph con devoción casi militar. ¿Hasta cuándo durara el efecto?